El café de las ocho de la mañana era el café de los días importantes.
No el de la esquina del Sterling Building, donde todo olía a prisa, a agendas comprimidas y a reuniones que empezaban antes de que uno hubiera terminado la primera taza. Este estaba en el Tribeca, a dos manzanas del apartamento de Ethan. Diez mesas. Una barra de madera oscura. Un hombre detrás del mostrador que saludaba con un gesto de cabeza y jamás intentaba conversar.
Ethan llegó primero.
Pidió un café solo y se sentó en l