El Eight Bar en el Meatpacking District tenía esa luz baja de los jueves.
No la luz calculada de los bares que intentan parecer íntimos. La otra: la que ocurre sola cuando el local está a mitad de capacidad, nadie ha subido las persianas desde las cinco de la tarde y la ciudad afuera sigue siendo la ciudad, pero aquí adentro el volumen baja un par de decibeles y las conversaciones cambian de registro sin que nadie lo decida.
Freddy había llegado primero.
Dos botellas en la mesa. La suya con tre