Luciana y Ethan salieron del ascensor privado directamente en la suite ejecutiva de Damian Cross. El espacio era exactamente lo que ella esperaba: una catedral de vidrio y acero con vistas panorámicas de Manhattan que gritaban poder sin sutileza. Pero lo que no esperaba era encontrar a Cross esperándolos no en una sala de conferencias formal, sino en un lounge privado con luz tenue, un bar completo y sofás de cuero oscuro que sugerían intimidad en lugar de profesionalismo.
—Luciana. —Cross se levantó del sofá con una sonrisa de satisfacción depredadora—. Puntual como siempre. Y Cole... gracias por acompañarla.
El tono despectivo dejaba claro que consideraba la presencia de Ethan como una molestia tolerada, un accesorio innecesario que pronto sería descartado.
—Damian —respondió Luciana con frialdad—. Dijiste que querías celebrar la ratificación del acuerdo.
—Entre otras cosas. —Cross señaló los sofás—. Siéntense. Larry preparó champagne. Moët & Chandon Dom Pérignon, cosecha 2008. Solo