La limusina se deslizaba por la autopista hacia Nueva Jersey con una suavidad que resultaba casi insultante. Afuera, la tormenta de nieve azotaba el mundo, convirtiendo el paisaje en un borrón de blancos y grises violentos. Adentro, el silencio era absoluto, roto solo por el sonido del hielo golpeando el cristal blindado.
Ethan sostenía el vaso vacío entre las manos, mirando el líquido ámbar residual en el fondo. El calor del alcohol empezaba a disiparse, dejando paso a una claridad fría y dolor