Stefan estaba terminando de cerrar la cremallera de su tercera maleta cuando su teléfono vibró sobre la cama deshecha. David Rothman, su abogado personal.
—David —contestó, alisando una camisa antes de guardarla—. ¿Todo listo con la transferencia?
—Confirmada esta mañana a las ocho en punto —respondió David con eficiencia—. Quinientos mil dólares depositados en la cuenta de María Sánchez. También envié una carta certificada confirmando que la transacción es un regalo voluntario y no implica ning