Stefan condujo sin rumbo fijo durante los primeros veinte minutos, con el sabor de Luciana todavía quemando en sus labios como una marca permanente que nunca podría borrar. Manhattan desfilaba por las ventanillas: rascacielos brillando bajo el sol de noviembre, gente caminando con propósitos que él ya no tenía, la vida continuando indiferente mientras la suya colapsaba.
Su teléfono vibró en el soporte. Marcus Fox.
—¿Qué? —contestó Stefan, sin energía para cortesías.
—El consejo de Sterling ratificó el acuerdo con Cross. Cincuenta millones, veinte por ciento de participación. Luciana ganó. —Marcus hizo una pausa—. Y Cross programó una celebración privada con ella esta noche en su oficina.
Stefan golpeó el volante con tal fuerza que el dolor le subió por el brazo. —Maldito sea.
—Eso no es todo. —Marcus continuó—. Averigüé con fuentes cercanas al equipo legal de Cross. Están preparando la fase dos de algo que llaman "Proyecto Sterling". No tengo detalles, pero Stefan... acercarte a ella e