El reloj de la oficina marcaba las tres y cuarto cuando el teléfono de Cassandra vibró sobre el escritorio. Un mensaje. Probablemente Thomas confirmando que recogería a Emma de la escuela como habían acordado esa mañana. Sonrió, pensando en lo doméstica que se había vuelto su vida en las últimas semanas. Casi parecían una familia normal.
Pero al desbloquear la pantalla, su corazón se detuvo.
Sra. Vega, le informamos que su hija Emma no ha sido recogida de la escuela. Por favor, comuníquese con