El vestido negro se deslizó sobre la piel de Cassandra como una caricia de seda. Se miró al espejo, casi sin reconocerse. El escote en V resaltaba su cuello, y la tela se ajustaba a su cintura antes de caer en una cascada elegante hasta el suelo. Diez años atrás, habría sentido emoción. Hoy solo sentía un nudo en el estómago.
La invitación descansaba sobre su tocador. Papel grueso, letras doradas, el logo de la empresa de Thomas en relieve. Una gala benéfica donde él quería presentarla oficialm