Capítulo 50

La tarde caía tibia sobre el jardín amplio de la casa, iluminando el césped recién cortado y las hortensias que Valentina cuidaba con dedicación casi terapéutica. El aire olía a verano y tranquilidad, una tranquilidad que tres años atrás habría parecido imposible. En el centro del patio, con una bicicleta pequeña roja y las rodillas ligeramente raspadas de intentos anteriores, Agustín fruncía el ceño con concentración absoluta. Su cabello negro, espeso y rebelde, se movía con cada sacudida de s
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