La ambulancia se detuvo frente al hospital con un chirrido seco que pareció partir la noche en dos. Las puertas se abrieron de inmediato y los enfermeros bajaron la camilla con rapidez, rodeando a Valentina con una eficiencia que contrastaba brutalmente con el caos que acababan de dejar atrás.
Sebastián caminó a su lado hasta donde se lo permitieron, siguiendo cada movimiento como si el simple hecho de no apartarse pudiera mantenerla a salvo. El brillo blanco del hospital lo cegó por un instan