En los rincones más profundos del ala oeste del palacio, donde la luz de la luna apenas lograba penetrar los pesados tapices de terciopelo, el Duque de Monterro sostenía una reunión que no figuraba en ningún registro oficial. Sentado tras un escritorio de roble oscuro, sus ojos pequeños y astutos brillaban con una satisfacción maliciosa mientras escuchaba el informe de su hombre de confianza, un espía silencioso llamado Varek. 🐍🔥
—Así que el Rey no está "meditando" —murmuró Monterro, acaricia