El polvo se levantaba en el camino de la Fuente, pero no era por el viento, sino por el galope de seis caballos de la Guardia Real. Isolde, que regresaba del claro con el corazón aún latiendo al ritmo de los besos de Caspian, se quedó paralizada al ver el estandarte de la Corona frente a su casa. El Barón Arlen, su padre, estaba de pie en el umbral, con los hombros caídos y un pergamino amarillento temblando entre sus manos nudosas. 🏠📜
—¡Papá! ¿Qué es esto? —exclamó Isolde, corriendo hacia él