El silencio en los aposentos reales no era una ausencia de sonido, sino un peso tangible que presionaba los hombros de Caspian. Tras despedir al joven Liam, el Rey se encerró en su santuario privado, un espacio donde las paredes de mármol blanco parecían estrecharse cada vez que su mente regresaba a la imagen de Isolde en el arroyo. Se acercó al gran tocador de caoba y plata, observando su reflejo con una intensidad casi dolorosa. Su cabello azulado, con ese corte corto y estilizado de puntas d