El Bosque de la Niebla se despertaba con una pereza dorada. Caspian galopaba con una urgencia que no tenía nada que ver con los asuntos de estado y todo que ver con la necesidad de ver un par de ojos verdes. Cuando el arroyo finalmente apareció entre la maleza, frenó a Tormenta con suavidad. Allí estaba ella. Isolde no lo esperaba sentada; estaba de pie sobre una roca plana, intentando alcanzar una rama de saúco cargada de flores blancas. El esfuerzo hacía que su vestido se ciñera a su figura,