El tiempo entre el anuncio del embarazo y el nacimiento de Lia Valentina transcurrió como las olas: unas veces lento y sereno, otras veces agitado e intenso.
Camila estaba en el octavo mes. Su barriga ya era prominente y caminaba por la casa con esa mezcla de torpeza y gracia que tienen las mujeres que esperan. Diego no se separaba de ella ni un segundo, siempre atento, trayéndole agua, masajeándole los pies o simplemente acompañándola en silencio cuando las hormonas la ponían sentimental.
Era