La Ofrenda del Alfa
El ambiente era una mezcla de formalidad y la tensión silenciosa que solo se encuentra en una sala de juntas. El tic-tac de un reloj de pared parecía contar cada segundo de espera. Ariadna se sentía fuera de lugar. Vestía un traje de pantalón azul oscuro, una armadura prestada con la que intentaba proyectar una confianza que no sentía. La gran mesa de caoba pulida que los separaba de los hombres de negocios al otro lado de la mesa era una barrera tangible, un recordatorio de