Ariadna aceptó la oferta de Elías con una frialdad calculada que la sorprendió a sí misma. Cada palabra que pronunció fue un acto de traición a la confianza que, en un momento de debilidad, había comenzado a depositar en él. "Sí", había dicho, con una voz extrañamente serena. "Iré a Florencia contigo. Pero solo si me prometes que me mantendrás informada sobre mi madre".
Era la única condición que se le ocurrió en ese momento, una excusa para ganar tiempo y alimentar la farsa. Sabía que Elías ac