Deseo animal
Ariadna deslizó el móvil sobre la mesita de noche, el sonido del clic resonando en el silencio de la habitación. Una sonrisa tenue y genuina curvó sus labios. Su madre estaba bien. Se recuperaba con una lentitud previsible, pero su ánimo era fuerte, su voz clara. El alivio por haber salvado a Elías y, como consecuencia, haber estabilizado la situación de su madre, era un bálsamo en el alma de Ariadna.
Sin embargo, la tranquilidad era efímera.
Ariadna se levantó, sintiendo el leve