Berlín, Alemania
Helena
La cuchara de madera raspa el fondo de la olla, pero mi mente está a kilómetros de distancia. Estoy aquí, en la cocina de la mansión, ese lugar donde todo parece calmo, donde puedo fingir que no pasa nada afuera, donde no existe él.
Konstantin.
Solo pensar su nombre hace que mis manos tiemblen. Aprieto más fuerte el mango de la cuchara y suspiro hondo, intentando recuperar el control. Me obligo a enfocarme en el guiso que preparo, en los cortes perfectos de la cebolla,