Berlín, Alemania
Viktor
Han pasado dos meses desde que Emilia se marchó, y la mansión ha vuelto a su antigua normalidad… al menos en apariencia. Yo, en cambio, no. No he vuelto a ser el mismo. Algo en mí se quebró esa noche en que la vi subirse al auto sin mirar atrás. Me dije que había hecho lo correcto, que dejarla ir era lo mejor, pero cada maldito día que pasa solo me convenzo más de que nada tiene sentido. Aun así, sigo adelante, porque es lo único que sé hacer: avanzar, mandar, destruir.