Berlín, Alemania
Emilia
El auto se detiene unas calles antes de la casa de mi padre. El conductor ni siquiera me mira cuando me abre la puerta, y por un segundo, deseo que diga algo, cualquier cosa… algo que me haga sentir que no soy una completa basura. Pero no lo hace. No lo espero tampoco. Bajo con torpeza, abrazando mi bolso contra el pecho como si en él pudiera proteger lo poco que me queda.
Camino el resto del trayecto en automático, mis pies avanzan sin que se los ordene, mis pasos suena