No es solo el misterio vago y confuso que me abate cuando estoy cerca de él; es cada fibra de mi ser, implorando sumirse en la oscuridad, exigiendo respuestas. Y esas respuestas solo puede dármelas una persona: Asher.
—¿Te vas a sentar o vas a trabajar de pie? —pregunto incómoda. Su presencia ahí, tan tranquila, de pie frente a mí, me irrita más de lo que debería.
Él suspira, pone los ojos en blanco y siento cómo sus latidos se ralentizan hasta calmarse por completo.
—¡Buenos días!… ¿Cómo están