Sin límites.
Aún estoy ahí, de pie como una estatua. Él se gira con amabilidad, pero ahora está cerca, demasiado cerca. Puedo sentir su aliento cálido mezclarse con el mío; nervioso, agitado, irritado.
—Esta noche debo regresar, y él quería decir algo —insisto ,con la ira elevándome la temperatura del cuerpo.
—Te acompañaré —responde.
Sus ojos verdes están tan cerca de mi rostro que logro distinguir el iris con claridad, como una brasa suspendida en el mar.
Algo imposible. Fuego en el mar. Así me siento jus