El día que mi padre y el abuelo de León tanto habían soñado, finalmente apareció por la ventana con una luz cegadora que me dolió en el alma. No pude pegar el ojo en toda la noche; se siente horrible saber que vas a despertar para entregarle tu vida a un hombre que, aunque guapo y con un trato raro, sigue siendo un extraño. Cada vez que cerraba los ojos, veía el altar como una guillotina.
Estaba ahí, hundida en las cobijas, cuando sentí un tirón violento. Alguien me jaló la colcha destapándome