Un año después...
El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de lino blanco, iluminando una cocina que no tenía mármol italiano ni grifos de oro, pero que rebosaba de una vida que ninguna mansión de la ciudad pudo darnos jamás. El aire olía a café recién colado, a pan casero saliendo del horno y a ese aroma dulce y empolvado que solo tienen los bebés.
Yo estaba descalza, vistiendo una de las camisas de algodón de León que me quedaba como un vestido, moviéndome con cuidado para no desper