Días después.
Han pasado los días tan rápido que a veces siento que el reloj tiene prisa por verme con el anillo puesto. Érica, por su parte, se la ha pasado evitando a toda costa a Leon. Es que no puedo ni verlo sin que me de un vuelco el estómago de puro coraje. En las horas de comida y cena, siempre invento cualquier excusa barata para no ir; que si me duele la cabeza, que si tengo sueño, que si me dio alergia el aire... lo que sea con tal de no tener que estar viéndolo. Y más porque es un p