La ciudad se sentía distinta desde la ventana de la habitación del hospital, menos como una jungla de cristal y más como un tablero de ajedrez donde todas las piezas habían sido derribadas. León estaba sentado en la cama, todavía con las marcas de las correas en las muñecas, pero con una mirada de paz que no le había visto nunca. El abuelo Claudio estaba tras las rejas, mi padre esperaba juicio en una celda común y Keyla... bueno, Keyla se había fugado al extranjero con lo poco que quedaba en s