El trayecto al hotel fue una tortura china para Leon, y para mí... bueno, para mí fue como estar en un parque de diversiones. El movimiento del coche me traía mareada pero de esa forma graciosa donde todo te da risa. Me la pasé todo el camino intentando quitarle la corbata a Leon porque decía que "desentonaba con su cara de amargado", mientras él me quitaba las manos de encima como si yo fuera un pulpo con exceso de cariño.
Cuando el auto se detuvo frente al hotel de cinco estrellas, el botones