Damián Feldman
Discutí con Valeria por lo de la prueba de paternidad hasta quedarme sin aire; si Amelie me odiaba antes, ahora me odiaría aún más. Había cruzado una línea, lo sabía, pero la necesidad de certezas me pudo. Mi teléfono vibró sobre la mesa y, por un segundo, pensé que sería otra llamada de negocios. En la pantalla parpadeó un nombre: Amelie.
—Amelie… —dije antes de poder pensar en otra cosa.
—Damián —contestó ella—. ¿Cómo estás?
Su voz sonó extrañamente serena, nada que ver con la