Amelie Manson
No hacía ni una semana que había vuelto a casa y ya sentía que estaba atrapada. Las llamadas de Damián eran tan constantes que me planteé cambiar de número, mudarme de ciudad, cualquier cosa que me permitiera dejar de escuchar su voz. Pero por el proceso legal no podía salir del país; al menos, no todavía. Si quería huir, tendría que hacerlo dentro del mismo territorio, y eso solo pospondría lo inevitable.
—¿Hasta cuándo vas a evitarlo? —mi madre cruzó los brazos, mirándome con re