Damián Feldman
Un duro nudo se atravesó en mi garganta.
Al final, no esperaba su piedad, pero tampoco esa fría indiferencia con la que me hablaba y su actitud calculadora, que tenía la intención de arrastrarme a los más profundos abismos.
—Amelie, alguna vez te dije que no me casaría contigo por la herencia. El dinero no me interesa en absoluto.
Amelie frunció el ceño y respiró profundo.
—Es que en este momento, Damián, no solamente se trata de ti, sino también de mí y de Joseph. Tú pediste un