Damián Feldman
Impotente, golpee con fuerza la puerta de la casa de las Manson. ¡Maldita sea mi existencia.!
¿A dónde se había ido Amelie?
Saqué mi teléfono y deslicé mis dedos llamando a Eder. El hombre no tardó en contestar; sonaba agitado.
—Señor, qué bueno que llamó, yo estaba a punto de llamarle primero.
—¿Qué pasa, Eder? —pregunté confundido.
—Tiene que venir a la compañía, todo está hecho una locura.
—A ver, Eder, en este momento lo único que necesito es que vayas a buscar a Amelie al