Damián Feldman.
—¡Rosalía! —grité desesperado, arrojándome hacia ella. Estaba golpeada, con la boca partida, el rostro hinchado y la mirada perdida. El salvaje de mi tío la había maltratado como a un animal. La tomé con cuidado entre mis brazos. —Tranquila, te voy a sacar de aquí.
El fuego me recorrió el cuerpo. La solté con cuidado sobre la alfombra y me lancé contra Lorenzo. Lo tomé por el cuello, apretándolo con toda la furia que tenía dentro, y lo miré directo a los ojos.
—¡¡Eres el más gr