Amelie Manson
Regresé a casa con un dolor que me partía en dos. Las palabras de aquellos hombres aún me retumbaban en la cabeza, crueles, despiadadas, como cuchillos hundiéndose en mi pecho. Al verme entrar, mi madre corrió hacia mí con el rostro preocupado.
—¿Qué te pasó, cariño?
No supe por dónde empezar. Apenas logré mirarla, y las lágrimas amenazaron con salir.
—Mamá… voy a irme por un tiempo.
Su expresión se desfiguró en sorpresa.
—¿Irte? ¿Por qué?
Negué con la cabeza, apretando los labio