El día anterior, mi destitución se había anunciado de forma abrupta, como un huracán arrasando con todo a su paso. Sin embargo, al cruzar la puerta de la compañía de los Feldman, una extraña calma me envolvió. Era como si, pese a la pérdida de mi nombramiento, una parte de mí celebrara en silencio.
Llevé la mano al pecho y lo recordé a él. A Damián. Los besos que me había dado, la forma en que me hizo el amor, y sobre todo, su propuesta de irme con él. Estaba demasiado loca, lo sabía, lo sufici