Narrador Omnisciente.
La puerta se abrió de golpe. Armando irrumpió en la oficina, deteniéndose apenas un segundo al ver la escena: Amelie encorvada en el suelo, su rostro estaba pálido y desencajado, Soraya arrodillada junto a ella, sosteniéndola con ambas manos. Un charco oscuro comenzaba a extenderse bajo su pantalón, y el olor metálico de la sangre llenó el aire.
—¡Dios mío! —exclamó Armando, agachándose unos pasos hacia ellas—. ¡Llamen una ambulancia ya!
Su voz retumbó en el pasillo. Marin