Punto de vista de Lila
Todavía estoy en el suelo, con las rodillas pegadas al pecho y la mejilla aplastada contra la alfombra fría, cuando la puerta se abre sin llamar.
El sonido es mínimo, apenas un susurro de bisagras, pero me atraviesa como un disparo en medio del silencio. Todo mi cuerpo se sacude. El aire se me queda atascado a mitad de la garganta. Ni siquiera levanto la cabeza; no puedo. Estoy demasiado cansada, demasiado exprimida, demasiado en carne viva.
No hay pasos. Solo el peso rep