Punto de vista de Lila
La mansión me tragó entera en cuanto Marcus cerró la puerta del coche detrás de mí.
No esperé a que hablara, ni reconocí a los guardias que fingían no estar viendo cómo me derrumbaba. Corrí. Subí la gran escalera de mármol de dos en dos, por el corredor este donde los retratos de ancestros Vekaris muertos hacía siglos me miraban furiosos como si ya supieran que yo era una impostora. La puerta de mi dormitorio se cerró de un portazo tan fuerte que tembló la araña de cris