Punto de vista de Lila
Se despertó la tercera tarde, ojos vidriosos pero ya afilados, la fiebre por fin desaparecida.
Yo estaba acurrucada en el sillón con una taza de té frío en las manos cuando su voz cortó el silencio.
—Deja de rondarme.
No fue alto. Solo plano. Frío. Como si hubiera pulsado un interruptor y el hombre que me había suplicado que no me fuera volviera a estar encerrado en la jaula donde lo guardaba.
Dejé la taza.
—Encantada de verte también.
Se incorporó en el sofá con una mu