Punto de vista de Lila
Me quedé en el suelo lo que parecieron horas después de que se fuera, espalda contra la puerta, rodillas pegadas al pecho, intentando respirar entre lágrimas que no paraban. La habitación estaba en penumbra, cortinas a medio correr, proyectando sombras largas sobre la alfombra que bailaban como fantasmas en la luz del atardecer. Todavía me escocía la mejilla donde me había agarrado, pero no era nada comparado con el dolor del pecho, con cómo sus palabras me habían cortado