Punto de vista de Lila
La fiebre llegó despacio, y luego de golpe.
Estaba adormilada en el sillón junto al sofá, cuello rígido, la manta deslizándose de mis hombros, cuando su respiración cambió. Pasó de profunda y constante a superficial, entrecortada, como si corriera mientras dormía. Me incorporé de golpe.
—¿Leander?
No respondió al principio. Su cabeza se movía inquieta sobre la almohada, el pelo oscuro y húmedo pegado a la frente. Los moratones se veían peor con la luz de la mañana: negro