Capítulo 11. ¿Me lo cambiaron acaso?
Victoria negó con la cabeza repetidas veces llena de frustración y rabia.
—Eres un desquiciado en verdad —le increpó furiosa—. ¿Quieres que te felicite por no querer matarme? No quiero estar a tu lado y no puedo darte lealtad ¿Quién te crees? El padrino de la mafia, a mí no me interesa su guerra absurda de testosterona, por mí pueden matarse entre ustedes, ¡yo solo quiero estar muy lejos!
Victoria le tiró el teléfono y Stefan lo atajó en el aire mostrando unos reflejos muy buenos.
—L