Estaban todos sentados en la sala. Laura hojeaba una revista que había encontrado en la mesa, mientras José terminaba de conectar el cargador de su celular.
Verlos así, en su espacio, seguía sintiéndose como un sueño hecho realidad.
Disimuladamente, se pellizco en el brazo y el dolor le hizo entender que si, que todo esto era real.
—Niña, deja de vernos. Nos vas a desgastar —bromeó su Nana, sentada frente a ella.
—Nana, de verdad no puedo creer que estén aquí.
Volvió a mirarlos con ternura, a