El beso fue un roce breve, suave, casi tímido, como si aún estuviera probando los límites de su propia decisión.
¿Qué estaba haciendo?
¿Por qué lo estaba besando?
Era como si dos entes diferentes estuvieran enviándole señales que no coincidían entre sí.
Uno le decía que siguiera adelante, que era su esposo, que merecía otra oportunidad. Mientras, que por otro lado, le decía que no, que no debía olvidar lo que le había hecho: el engaño, la manipulación, su secuestro.
El punto era que ella no