—¿Por qué traes esa cara? —preguntó José observándola con suspicacia cuando se encontraron en la mesa del desayuno. La verdad era que no había podido dormir en toda la noche, así que era normal que tuviera ojeras y los ojos un poco hinchados.
—Insomnio —contestó dando un sorbo a su café y notando que Rubí, Eros y Esperanza no habían bajado aún. Aunque esto no era del todo sorprendente, sabía que a veces les gustaba quedarse a comer el desayuno en la cama.
—¿Insomnio? ¿De cuando acá sufres de es