Llegaron a la enfermería de la empresa —una pequeña habitación donde trataban asuntos menores. Posiblemente dolores de cabezas y cosas similares—, donde fue depositada con sumo cuidado sobre una camilla.
Sus ojos miraron al piso con insistencia, mientras el hombre se alejaba un par de pasos para poder observarla.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó con suave.
—Bien —murmuró una respuesta en medio de un quejido de dolor.
Una chica joven con un uniforme blanco de enfermera se acercó al instante para