—Señor… disculpe que me entrometa en esto, pero estoy muy preocupada por la situación de la señora —comenzó Ana, una de las empleadas más antiguas y leales de la familia—. No come. No se viste. Se la pasa desnuda, solo con una bata. Si sigue así… la depresión puede que llegue a un estado más severo. Me enteré de que antes estaba viendo un terapeuta, ¿no cree usted que deba volver a verlo?
Lo que estaba diciendo la mujer no era algo que él ya no hubiera notado. Así que asintió en respuesta.
—Org