La cena de la mafia local era un teatro montado con excesos: copas de cristal demasiado frágiles, candelabros que parecían a punto de derretirse sobre los manteles, hombres que hablaban como si el poder fuera un perfume que debían esparcir por el aire. Una fachada de civilidad para una especie que no la poseía.
Dante entró conmigo a la sala sin mirarme, con la mandíbula rígida y los pasos silenciosos. Desde el video de Ethan, había una grieta en su comportamiento, un filo peligroso como el de u