Durante mucho tiempo creí que el cambio que estábamos observando se desarrollaría lentamente, como un fenómeno de adaptación cultural que necesitaría años para consolidarse y que, mientras tanto, coexistiría con las estructuras tradicionales sin generar tensiones profundas. Me equivoqué. No porque el proceso se acelerara de forma visible, sino porque empecé a comprender algo que al principio había pasado por alto: el sistema no se sentía amenazado por la transformación en sí, sino por el tipo d