El laboratorio improvisado en el sótano del palazzo estaba sumido en una penumbra azulada, iluminado solo por las pantallas flotantes que Verona había desplegado. El olor metálico del polvo viejo se mezclaba con la electricidad quemada del equipo que Ethan había dejado atrás. Todo vibraba con un silencio expectante, como si las paredes supieran que lo que estaba a punto de ocurrir era más importante que cualquier guerra que hubiese estallado allá arriba.
Yo no respiraba. O, mejor dicho, respira